Tuesday, May 30, 2006

La gloria o devoto

Marcelo Laciar enfrentaba las cámaras de los sospechosos de siempre y pese a la paliza que había recibido su San Martín en el Ducó no bajaba de su rostro una pacífica sonrisa. “Nos vamos contentos porque sabemos que dimos todo lo que pudimos… estuvimos a un gol del campeonato y en este reducido las cosas pudieron haber sido diferente”. Inmediatamente me imaginé la misma situación pero con equipos diferentes: Ninguno de nuestros jugadores hubiera podido decir eso, no los hubiésemos dejado.

Nuestra historia, nuestra gente, nuestra ilusión de primera no admite tropiezos. Son tres años de angustias acumuladas que no dejan hablar con la garganta cristalina. Sin embargo esta mochila, esta presión nos quita la posibilidad de ir a la cancha con alegría, a esperar que el equipo haga lo que puede, en las buenas y en las malas.

Es que hay equipos y equipos, y parece que este particularmente se ha empeñado en cortar cada uno de los puentes que se tendían desde la Bonavena. No hay posibilidades intermedias, como el digno aplauso contra Instituto el año pasado, para este plantel es plata o mierda, la gloria o Devoto.

Si no logran el objetivo (seis escalones ascendentes, de los cuales sólo han recorrido los dos más fáciles de trepar), habrá gran depuración y se les echará la culpa de todos los males de este mundo. La estadística del equipo en todo el torneo no es tan mala (mejor que el primer año en el Nacional), pero la falta de ángel, el poco feedback con la tribuna y con su técnico los ubicará en la historia como una de las páginas más negras de nuestra historia.

Si logran el ascenso soñado, todo pero todo se tapará y (salvo que los propios jugadores emprendan contra la tribuna como ya ha pasado alguna vez) la fiesta nos quitará capacidad de análisis hacia el futuro.

La gloria o Devoto, ser exitoso o el último orejón del tarro… en el foro nos encontramos ciclotímicos y nuestros altibajos parecen picos del Himalaya. Alguna vez deberíamos preguntarnos hace cuanto que no disfrutamos ver un partido por el placer de verlo o si un gol con la mano en el minuto noventa y dos de la promoción realmente cambia todo lo vivido. Algún día deberíamos preguntárnoslo.

Pero no hoy, el Globo juega en el Ducó y hay dos cartas con nuestro nombre. La gloria y Devoto acechan detrás de una jugada esquiva.

Monday, May 22, 2006

Sombras nada más

Depresión: Estado fisicomental, que se origina por el desequilibrio del yo interno con el yo externo, de tal suerte que repercute en la vida cotidiana de un individuo, en su desarrollo personal, que se acompaña de sentimientos de tristeza, desgano y de signos alteracion en la personalidad.


El desgano los sorprendió de atrás como los recuerdos cuando abaten la memoria.
Un deseo adoptó forma de juventud, esa juventud se transformó en esperanzas y esas esperanzas se convirtieron en tranquilidad durante 90 minutos… después todo desencajó en desaliento.
Ellos se convirtieron en promesas infundadas, lo demostraron el último partido ante Chicago, y al parecer no se enteraron nunca que perdían el encuentro. Humillados, ultrajados y avergonzados nos dejaron ante un público conmovedor que colmó en cuerpo y alma nuestro divino tesoro: El Ducó.
Las emociones y los sentimientos son confusos. Mareados. Ya no sabemos que pedir, o a quien pedir para que nos represente. Somos un espejismo, nadie nos simboliza, sólo se oyen un par de voces fieles que ante la falta de compromiso y voluntad, continúan alentando para que el silencio no aturda, para que la verguenza no sea tan evidente.

Se creen seres olvidados por la suerte, pero no son más que personas oprimidas por la banalidad cotidiana, por el desgano y la falta de amor a la camiseta.
Mientras tanto, nos consumimos en espera, pero no saben que ni el tiempo, ni un esquema táctico, ni unos jugadores podrán separarnos. No saben que apenas son un par de ilusiones humanas. Quizas las dudas, la falta de respuesta crucifiquen al mensajero, pero los que deben interpretar, para después volcarlo en ese lienzo verde por donde se mueven, son ellos: ¿nuestros jugadores? Esos hombres son una sombra, un auténtico plagio.

Nuestro Huracán se ha convertido en un lugar envejecido por el rencor, inhóspito, lleno de dobles fondos. Quizás esta depresión manifiesta deba tomarse como una oportunidad. Una oportunidad para el cambio, para conocernos, para elegir otro rumbo, para poder volver a admirar, a creer, a encontrar ese esplendor inaccesible: ¡Para volver a ser Huracán!

Lucila Comeron

Wednesday, May 03, 2006

Orgullo


Uno: Quisiera ser grande
La pasan por cable bastante seguido, es más... la podemos ver de vez en cuando en reemplazo de un programa fallido por canal 13.
Para el que no se la acuerda, es bastante simple: Un chico se desespera por ser grande, se lo pide a una "máquina de deseos" en una feria y despierta a la mañana siguiente en un cuerpo de grande.

Claro que no sabe que hacer con ese cuerpo. La situación lo supera y termina deseando volver a ser chico. Muchos de los equipos de la B Nacional cumplieron ese deseo gracias al Globo, se convirtieron en grandes por un día y hoy sueñan con panoramas que los superan y que no sabrán manejar.
¿Y nosotros? ¿Nos queda el triste sentido de ser esa máquina de deseos que cumple a quienes lo soliciten?

Dos: Calidad, servicio y limpieza
Parecemos Mc Donalds: te organizamos tu fiestita... traé 12.000 personas, traé un telón enorme y doscientas banderas, copá el Ducó y encima gananos el partido con dos jugadores menos. Ah, no te preocupes, los payasos los ponemos nosotros.
¿Suena revulsivo? es lo que nos pasa y deberíamos reconocerlo: lo del sábado 29 formará parte de las imágenes más negras de nuestra historia. No por el resultado, no por el juego, simplemente por la sensación que causaba. No hay excusas, Huracán jugaba tanto o más que Chicago (Lleva más tiempo en la B, estabamos arriba en la tabla general y éramos locales. Ganando alcanzábamos a Chacarita y no jodamos, somos Huracán!), pero la imagen era contundente: Parecíamos un chico caprichoso que no entiende como le sacaron el juguete preferido.

Tenemos que reconocerlo, lo cual no implica aceptarlo.

Tres: Esta película ya la vi
En los foros de Patria Quemera y la Página oficial se leen cosas como "ahora nos copa la cancha Chacarita", "nos vana festejar en la cara", "Ir a ver a este equipo es al pedo", etc etc... Y me pregunto en que se convirtió el fútbol, en que se convirtió Huracán.
Pensé seriamente en esto de ser grandes y ser chicos, cosa que no solo se aplica a los clubes sino a nosotros mismos. Yo de chico iba a la cancha porque me gustaba, disfrutaba corriendo por los pasillos de la Bonavena, pateando una pulpo con otros pibes mientras se jugaba el partido. Sólo nos dabamos vuelta y corriamos al alambrado cuando la hinchada bramaba ¡penal! o por qué no, directamente ¡Gol!
Ir a la cancha era la cita más importante de la semana pero ni tenía idea de por que lo era.
Más grande seguimos yendo con la misma pasión, pero nos empezó a importar seriamente si Huracán perdía o ganaba. No comí una semana después del partido en la cancha de Independiente, la vida pasaba por el globo y el globo era mi vida.
Crecimos, o directamente envejecimos... Mantenemos una cáscara cínica que nos protege de los dolores que nos trae ir a la cancha. Creemos que todo está arreglado y es un negocio en donde no hay nadie que no se lleve tajada del mismo. Si no es el técnico son los camarilleros de los jugadores, o la hinchada y sus aprietes profesionales, los árbitros comprados, los dirigentes enriquecidos, los periodistas tendenciosos y la todo poderosa televisión. Nos escudamos en la imposibilidad de cambiar semejante transa pero nos ilusionamos ante el primer gol quemero como esos chicos que éramos hace tantos años.

Cuatro: Utopía
Dice Galeano que la utopía es eso que sirve para seguir caminando. Esa zanahoria en el horizonte a donde nunca llegaremos pero que nos dirige en el camino correcto. Mi utopía particular es ver un Ducó colmado, con un Chacarita visitante, bien visitante cagado de miedo por la necesidad de ganar y la imposibilidad de hacerlo. Me imagino un Huracán herido pero orgulloso, que pelea y da batalla sólo por el placer de hacerlo y deleitarnos a todos los que apoyamos en las tribunas. Olvidarme del ascenso y jugar UN partido. Sólo un partido de noventa minutos con el marco ideal, en la última fecha y con la alegría que teníamos cuando corríamos atrás de la pulpo. Después del partido, enterarnos de carambola, por una radio botona de un vecino de tablón que clasificamos para un reducido que no da muchas chances, pero que nuestro rival es el mismo Chaca, aquel que derrotamos. Suena desafiante, dos partidos más para demostrarles quien es el mejor, quien es Grande.

Cinco: Final
Yo no se (ni me interesa) si somos el sexto, el segundo o el último grande. No se si somos un chico crecido o un grandulón sin futuro. No me importa porque Huracán es mucho más que un campeonato, un técnico o incluso un equipo de fútbol. Cuando uno no sabe a donde ir y está perdido en la vida, siempre tiene una certeza: el globo está para recibirnos, siempre podemos dar una vuelta y volver al Ducó. Podemos quedarnos otro año en el Nacional, podemos subir por la puerta de atrás, puede ser justo o injusto. Pero nos jugamos más que un ascenso, nos jugamos más que un campeonato. Nos jugamos el orgullo.

¿El Sábado nos vemos todos? Crecimos, ya somos grandes y que el Globo lo sea sólo depende de nosotros.

Mariano