¿Cómo destruir ídolos en horas, minutos, segundos…siempre?
¿Cuándo uno adquiere la suficiente autoridad moral para insultar y desarticular un equipo de fútbol?
La respuesta solo la encontrará en un “Palacio”, dónde los ídolos se transforman en enemigos públicos, en apenas 20 minutos de juego.
Exigir como ideal de vida, hace muy difícil la felicidad de un simpatizante de fútbol. Por tal motivo, los hinchas de Huracán somos tan sufridos. Nos creemos que el Globo del mundo tiene un H, grande y roja; y no vemos el presente, ambiguo e incierto, que atravesamos desde hace varios años convirtiéndonos en una institución poco seria. Nos detenemos en el futuro, nos estancamos en el pasado, pero: ¿de qué vivimos sino es del presente?
Nos cuesta vernos en ese espejo verde que nos refleja la cruda realidad en cada partido, tan cruel y verdadero que hasta las sombras pierden. Se hace imposible olvidar la “Chapa del pasado” que presentamos cada vez que nos dicen que somos un equipo chico.
Hace tiempo que acompañamos y la suerte se olvidó de nosotros.
Hace tiempo que soñamos y del sueño no despertamos.
Hace tiempo que estamos partidos a la mitad.
Hace tiempo…
Todo se entiende y se cuestiona…pero ¿hasta qué punto?
Es vergonzoso que cada ídolo que pasó por el club, ya sea como jugador o técnico, haya sido descalificado, insultado, agredido, increpado y desvirtuado su función por la de ladrón. Nos cansamos de repetir que siempre es lo mismo, que las dirigentes no se cansan de robar, que hacen negocios con los jugadores que terminan perjudicando al club; y nosotros: ¿qué cambiamos? Si utilizamos el recurso del insulto y de la impaciencia, tanto como se roba.
No respetamos a nuestros ídolos, un partido malo basta para destruirlo, desacreditarlo y prohibirle la entrada al equipo. Nadie se salvó. Desde Brindisi, pasando por Babington (aunque su presente mucho no lo favorece, después del juicio al club) hasta en la actualidad el Turco. Que sólo deberíamos respetarlo como hincha del Globo, ni siquiera como técnico ni como jugador. La fidelidad que evidencia cada que vez que habla de Huracán lo hace inmune, sin embargo creemos que viene a hacer negocios con los jugadores para venderlos al mejor postor mexicano. Hoy estamos en la etapa de descuartizar al equipo y al cuerpo técnico, sin que la credencial de ídolo sirva… No existe un dicho que explicita que con familia y amigos no se puede trabajar, es hora de ponerlo en práctica.
Las venas están abiertas, las gargantas rojas tiemblan de desesperación. Huracán es presente y nosotros su futuro. Comencemos por respetar a nuestros fieles, la imagen viva de nuestro club. No olvidemos nunca que el cambio nos pertenece.
Lucila Comeron




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